martes, 29 de enero de 2013

Rinaldo Cruzado: "Vestir la camiseta peruana es único, dejas todo por ella"

Imagen disponible en www.rinaldocruzado.com
Copyright All rights reserved by Rinaldo Cruzado
 


El próximo 6 de febrero, la selección peruana de fútbol volverá al terreno de juego ante Trinidad y Tobago, en un partido amistoso que servirá de preparación previo al reinicio de las Eliminatorias del Mundial Brasil 2014. Entre los convocados está, como ya es una costumbre, Rinaldo Cruzado (Lima, 21 de septiembre de 1984), el mediocampista que actualmente pertenece al Chievo-Verona de la Lega Serie A italiana y que de a pocos se ha ido constituyendo en uno de los referentes del seleccionado peruano.

Rinaldo aceptó con gusto compartir algunas impresiones en el Blog Deportivo. Previamente debía realizer una twitcam a la que había invitado a los seguidores de su cuenta de twitter (@RinaldoCruzado8), en la cual con Giarmarco como música de fondo ("aunque escucho todo tipo de música"), conversó y respondió de buena gana todo tipo de preguntas y requerimientos. Contó como comenzó todo, cuando un día completó un equipo en la Academia Tito Drago, donde trabajaba su padre; que es sobrino de Lucho Cruzado aquel jugador de la generación de México 70; insistió en que lucharán hasta el final con la selección y fue paciente y agradecido con un seguidor colombiano que le invitó una y otra vez a continuar su carrera en ese país. Tuvo palabras de elogio para los muchachos de la Sub-20, y reconoció su admiración desde pequeño por el Real Madrid, aunque no dudó en señalar a Lionel Messi como el mejor jugador de la actualidad. La charla se extendió por más de una hora y tras la misma, Rinaldo hizo un gentil aparte con este Blog.

Pregunta: Tus primeros años como profesional en Alianza Lima vienen acompañados de tres títulos con dicho equipo. ¿Cuáles son los recuerdos que guardas de aquella etapa?

Respuesta: Los mejores recuerdos en Alianza, los mejores. No solo es el hecho de haber jugado cuatro años en el primer equipo, sino que Alianza me dio la posibilidad de debutar en primera división y hacerme conocer, lo que luego sirvió para poder emigrar. Ten en cuenta que además soy hincha de Alianza, así que los recuerdos siempre serán buenos. Más alla de alguna incomodidad que en algún momento uno pudo pasar, en general esa fue una etapa donde fui muy feliz.

P: Una vez que emigras y antes de llegar a Italia, tu experiencia internacional te lleva a lugares tan diversos como Suiza (Grasshopper) e Irán (Esteghlal de Teherán). ¿Cómo fue esa experiencia, especialmente en lo personal, teniendo en cuenta lo que las noticias suelen presentar de aquel país?

R: Ciertamente, he tenido la oportunidad de jugar en varios continentes, y uno de ellos fue Asia. Irán fue una experiencia bien complicada. Viendo hacia atrás, tome una decisión apurada, un poco alocada, pero es que en aquel momento yo pensaba que en el fútbol tú, como futbolista, solo te dedicas a eso, a jugar; obviamente por allá te das cuenta lo complicado que es todo después que concluyen las labores deportivas. Fue una vivencia muy complicada para mí, los recuerdos no son muy agradables.

P: Luego de un paso por Juan Aurich –y antes de Irán por Sporting Cristal-, llega la oportunidad de jugar en la Liga italiana, en el Chievo-Verona. ¿Qué es lo que más rescatas de estos tres años por allá?

R: La liga italiana es una de las mejores del mundo, por consiguiente uno aprende muchas cosas en el transcurso de la vivencia. Uno va madurando mucho más como persona, como futbolista, y aprendiendo día a día, de las cosas positivas y también de las negativas.  El fútbol te da muchas cosas y uno debe saber discernir y elegir lo correcto. Pasó en mis otras experiencias también: siempre puedes y debes saber rescatar todo lo que aprendas de estas experiencias. Aquí en Europa tienen maneras diferentes de trabajar, y bueno, a veces esas diferencias hacen que los campeonatos sean de lo más competitivos. Lo ves en la liga italiana, la inglesa, la española, entre otras.

P: Tras el cambio de técnico en tu equipo, no has tenido la oportunidad de alternar con regularidad. ¿Es el final de tu contrato un buen momento para cambiar de aires?

R: Aún no lo sé, yo sigo trabajando para estar a disposición, me reporto al equipo. En todo caso, en estos días es probable que se decida mi futuro.

P: No puedo dejar de preguntarte por la selección. Pero no sobre lo que viene, que ya indicaste que se seguirá luchando hasta al final. Me gustaría que compartas lo que siente un jugador de fútbol al salir a la cancha representando a su país. Ese momento de la salida, del Himno, debe ser especial.

R: No solamente con el Himno, que claro que es especial. El solo hecho de ser convocado a la selección representa mucho para nosotros, el hecho de vestir la camiseta peruana es algo increíble, único y por eso es que quiero que sepan los hinchas que cuando vestimos la camiseta, dejamos todo lo que tenemos en el campo. Todo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Año nuevo, reto nuevo: Ricardo Abad en busca de 52 Ironman en un año


El nuevo reto de Ricardo Abad, el hombre récord de maratones consecutivas:
52 Ironman en un año
Foto: www.ricardoabad.com
3,8 kilómetros nadando. 180 kilómetros en bicicleta. 42,2 kilómetros corriendo. Todo seguido, el mismo día, sin parar. Eso es un Ironman, una de las más exigentes disciplinas deportivas que lleva al límite la resistencia física de los atletas que se dedican a dicha especialidad.


197,6 kilómetros nadando. 9360 kilómetros en bicicleta. 2194,4 kilómetros corriendo. Esas son las distancias que implicarían 52 Ironman, que son los que ha decidido concretar Ricardo Abad, este año 2013 a ritmo de un Ironman por semana.

¿Es un reto imposible? Lo mismo le decían al atleta nacido el 8 de enero de 1971 en Tafalla, Navarra, España, cuando decidió batir el récord mundial de maratones consecutivas. Y no solamente lo batió, sino que siguió hasta las 500, y llegó a completar 607 días corriendo sin pausa los 42,2 kilómetros de la mítica prueba con la que suelen cerrarse las Olimpiadas (en este Blog dimos seguimiento a dicho record en post previo).

No pasaron ni dos días tras completar ese reto cuando el flamante hombre-maratón se subía nuevamente a una bicicleta y al poco tiempo ya se preparaba para su primer Ironman. Le encontró el gusto de inmediato y entre bañadores, bicicletas y zapatillas fue forjando su nuevo reto personal, en el cual, como lo hizo los años previos, incluirá la colaboración con ANFAS, una organización que trabaja con la discapacidad intelectual.

Conforme Guinness el belga Stefen Engels tiene el record de Ironman realizados en el period de un año con 20 entre 2007 y 2008, aunque en el 2012 se habría batido el mismo con 35, lo que está por formalizarse. Desde este 2 de enero, Ricardo Abad ha comenzado una aventura que de culminar con éxito a fin de año, estará reescribiendo –una vez más- el libro de records.

Como al inicio de cada aventura que se propone, Ricardo Abad escucha palabras de aliento, asombro y admiración, pero no está exento de comentarios que cuestionan la necesidad o el riesgo que implica lo que va a hacer. Ante eso Abad responde que cada persona busca su felicidad de alguna forma y que en su caso, ha encontrado la felicidad en el deporte y en este tipo de retos, en los que busca descubrir sus propios límites, colabora con buenas causas y de paso motiva a otra gente a hacer deporte.

El primer Ironman ya fue superado. Conforme indicó Abad en El Larguero, comenzó a las 7.45 a.m. y lo concluyó a las 9.00 p.m. Más allá del lógico cansancio sus primera sensaciones fueron positivas, enfocándose de inmediato en la preparación del Ironman 2, la segunda semana de Enero. La información sobre el desarrollo de cada Ironman y todo lo que acontezca esos días podrá ser seguido en el blog de Ricardo Abad.

La prueba luce muy difícil. Pero después de los retos que ha batido previamente en su carrera, vale la pena dar seguimiento a Ricardo Abad, un atleta en cuyo diccionario ciertamente no existe la palabra ‘imposible’.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Los Potrillos: 25 años después, vivos en el recuerdo


Sussoni, Peña, Chamochumbi, Caíco, Reyes y Farfán;
Tomassini, Escobar, Casanova, Cavero y Bustamante.
Formación inicial de aquel partido en Pucallpa del 08.12.87
Foto disponible en depor.pe

25 años después el recuerdo sigue vivo. Demasiado vivo. Ciertamente los años van dando otra perspectiva con respecto a las prioridades en la vida, pero qué duda cabe que el fútbol es una pasión, un sentimiento y no necesariamente se explica ni tiene razones. Por eso se viven las victorias y las derrotas a plenitud. Pero en el deporte no te enseñan a reaccionar ante una tragedia como la del Alianza Lima aquel aciago 8 de diciembre de 1987, en el que el avión que transportaba al equipo, dirigentes e hinchas, se estrelló en el mar de Ventanilla. Que lo digan sino los hinchas del Torino, del Green Cross o el Manchester United por citar algunos casos.

Seguramente los hinchas de otros equipos lo habran vivido a su manera, con inevitable distancia. Los aliancistas menos apasionados habrán sentido el golpe, pero después habrán dejado el tema en un segundo plano. Los más apasionados lo habrán sufrido como una pérdida cercana, de familia misma. Hacen mal los que juzgan de indiferentes a unos, como hacen peor los que asumen como ridiculez el sentir el dolor tan cercano, dada la pasión con la que se puede vivir el deporte. 

Ante la tragedia, el paso de los años y el hecho irremediable que la historia real va dando lugar a mitos y leyendas, suelen decirse muchas cosas, algunas reales y otras exageradas. Pero a mí no me lo contaron. Yo los vi jugar como parte de aquella pasión aliancista heredada y compartida con mi padre, a quien le agradezco haberme llevado al Alejandro Villanueva en Matute desde muy pequeño.

Así que sé muy bien que el bueno de “Caíco” Gonzáles Ganoza, salía a cazar mariposas en sus inicios, que inclusive tuvo una noche fatídica en un amistoso contra Quilmes jugando por la selección y que era tan querido por la hinchada de su equipo como cuestionado por las demás. Pero también sé que en el momento de la tragedia pocos lo discutían en el arco de la selección después de una destacada actuación en la Copa América del 87. Por fin, a sus 33 años, Caíco lograba establecerse con una madurez que lo hacía el capitán y líder de ese equipo de jovenzuelos aliancistas.

También estaba Tomás “Pechito” Fárfan. Aguerrido defensa central, luchador, peleador; quizás limitado en lo técnico, pero todo pundonor. El despliegue técnico atrás venía en grandes dosis en Daniel Reyes, espigado, elegante, pero metedor a la hora que había que meter. Ambos contaban con un suplente de confianza en William León, que sin hacer ruido, siempre sacaba adelante los partidos que le tocaba jugar. En los laterales “Peluca” Sussoni cumplía y Gino Peña comenzaba a aparecer cuando al veterano César Espino le traicionaban los nervios, como aquél partido contra San Agustín apenas dos días antes, que motivo la suspensión que lo dejó en Lima y le salvó la vida.

Aquella tarde de diciembre en Pucallpa, Aldo Chamochumbi jugaba en la contención reemplazando a un joven Juan Reynoso, que no acompaño en el viaje fatal al equipo al quedarse en Lima por una lesión. Bendita lesión. También inició acciones Caverito, que adquiría cada vez más protagonismo en su alternancia con el experimentado Jonnhy Watson, quien aguardaba en el banco con Mendoza, el eterno arquero suplente del equipo, y los juveniles Tejada y Garretón (por diversas razones no viajaron Juan Illescas y "Colibrí" Rodríguez que también alternaban en el primer equipo). 

Luis Escobar, aquel 19 que daba gusto ir al estadio a verlo jugar
Foto: cafegolyron.blogspot.com
Y claro, destacando en el equipo titular estaban El Tanque Blanco y los inolvidable Potrillos. Alfredo Tomassini, a sus 22 años, en su año de despunte: potencia, fuerza, definición, gol. Una aparición interesante en nuestro fútbol, que resultaba un perfecto complemento para el fútbol de aquellos Potrillos que fue moldeando el recordado Didí, y a los que empezaba a pulir el “Chueco” Marcos Calderón. Potrillos representados en aquel trío de recuperación, creación y fantasía, conformado por José Casanova, “Pachito” Bustamante y el número 19, el recordado “Potrillo” Escobar.

Casanova había pasado de ser una promesa, a superar algunos momentos de irregularidad, para a sus 24 años ser el dueño de la recuperación del mediocampo aliancista. Carlos Bustamante era la creación y la clase, el 10 del equipo, daba gusto verlo jugar. Luis Escobar era un jugador diferente. Era picardía, velocidad, desborde, finta y definición. Verlo en el estadio jugar con sus tobilleras blancas y su trotar de caballo de paso era un espectáculo y para mí un privilegio. Admito que en apenas cuatro años desde su precoz debut, el “Potrillo” era el jugador al que más esperaba ver jugar cuando iba al Estadio a ver a Alianza. Se había convertido en mi jugador predilecto.

Pachito Bustamante y Luis Escobar: Los Potrillos
Foto: malditoangelito.blogspot.com
Los detractores de Los Potrillos dirán que se les magnifica en la ausencia, distancia y tiempo. Que en realidad no eran tan buenos, más bien irregulares y que incluso en las categorías juveniles de la selección no habían logrado que se consiguieran buenos resultados. Todas las opiniones son respetables. Lo que yo recuerdo es que eran muy buenos y tenían mucho potencial, especialmente “Pachito” y el “Potrillo”. La gente olvida que la vida se les cortó abruptamente cuando uno estaba en los 21 años y el otro –que había debutado con apenas 14 años-, recién había alcanzado la mayoría de edad. Nunca sabremos cuanto hubieran podido crecer, a donde hubieran podido llegar. Así que ante la duda infinita, y mi rechazo a caer en ejercicios de hipótesis imposibles de confirmar, yo prefiero ser realista, pero no mezquino: podían haber llegado donde se lo hubieran propuesto (de hecho, Didí reconoció en una entrevista posterior al accidente que el fútbol brasileño ya había puesto sus ojos en el 10 y el 19 y los seguía con atención. En medio de un llanto que conmovía al más insensible, el técnico brasilero no daba crédito a lo ocurrido justo cuando esos “hijos” suyos tenían tanto futuro por delante).

Aquel equipo prometía mucho y lamentablemente en promesa quedó. Muchos de ellos habían fallado en el intento de detener la sequía de títulos aliancista que duraría diez años más, dejando pasar la oportunidad de campeonar el año previo al perder una final imposible ante el San Agustín de Martinez, Ziani y el Chemo del Solar. Pero también había regalado dos goleadas delirantes (4-0 y 5-1, con dos goles de Escobar como se observa en el vídeo debajo) ante el eterno rival, Universitario de Deportes, con baile incluido. La siembra de Didí, la cosechaba Calderón. Se notaba más regularidad, más madurez, mayor compromiso y en el caso de los talentosos, un desarrollo cada vez mayor de los mismos. El paso del equipo en ese torneo era sólido, como lo ratificaron en un disputado clásico apenas un mes antes, ganado con gol de Escobar, o aquel último partido en Pucallpa, ganando con oficio un partido áspero, en un terreno lamentable y en condiciones climatológicas pesadas. “Pacho” Bustamante fue el que anotó aquél último gol. Se fueron punteros, líderes de campeonato, lo que no era un detalle menor. Eran un equipo joven, muy joven. Eran promesa, empezaban a ser presente, no pudieron ser futuro.


Siempre he recordado aquel momento reviviendo el dolor de los días posteriores. Hoy, 25 años después he querido recordarlos vivos. Con ganas de dejar constancia que a mí no me los contaron, que yo tuve la suerte de verlos jugar. Me dieron muchas alegrías, vivimos también derrotas, pero canté muchos de sus goles, disfruté con su juego, vivía la ilusión que llegue el domingo para ir al estadio a verlos. Aquellos muchachos eran parte de mi añorada rutina ochentera de fin de semana futbolero junto a mi padre. Él, que ha visto mucho fútbol y equipos legendarios del Alianza, siempre me dijo que esos muchachos eran muy buenos. Vaya que sí. Y varios de ellos con un futuro enorme para ser mejores aún. 

Descansen en paz Potrillos y gracias por el fútbol. Por aquí siempre se les recordará.


domingo, 28 de octubre de 2012

"El valor del talento está en saber hacerlo triunfar". Entrevista con Patricia Ramírez, Psicóloga Deportiva



El libro de reciente publicación de Patricia Ramírez:
Número 1 en ventas de libros de No Ficción en España
(Portada: planetadelibros.com)
Patricia Ramírez Loeffler, española, es psicóloga deportiva con vasta experiencia en el trabajo con atletas en forma individual y colectiva. En este último campo ha trabajado con clubes de la Liga Española como el Mallorca y el Real Betis Balompié. Colaboradora del programa “Para Todos” en TVE, del diario El País y columnista semanal del Huffington Post de España, acaba de publicar su libro “Entrénate para la vida” que llegó al primer puesto de ventas de libros de no ficción en España y conversó con el Blog Deportivo compartiendo valiosos conceptos sobre su experiencia en el deporte.


Pregunta: ¿En qué consiste el trabajo de un psicólogo deportivo?

Respuesta: Depende de la situación en la que trabaje. El psicólogo que está en la cantera suele trabajar los valores de equipo: la cohesión, el fair play, el que los niños aprendan que el objetivo grupal está por encima de todo, inclusive trabaja también el fracaso escolar. Mi especialidad es la psicología del deporte de alto rendimiento y tiene una labor diferente. Concretamente viajo con el equipo los fines de semana y le imparto una charla el día del partido. En esa charla lo que se trabaja son las variables psicológicas que pueden interferir con el partido: puede ser la inseguridad, la confianza, la suerte, orientarse hacia los objetivos, la comunicación, todo ese tipo de variables.

P: Usted reflexiona que “El valor no está en el talento. Lo que añade valor al talento es la forma que tenemos de explotarlo”. ¿Puede decirse que la labor del psicólogo deportivo esta enfocada en potenciar al máximo ese talento?

R: Claro, porque a nosotros no nos vale que alguien tenga un talento determinado, sino saber que ese talento puede ser regular, porque el entrenador quiere saber con que cuenta en su equipo. Hay gente que técnicamente es muy buena y en un partido te lo da todo y en otro, no sabemos porque, no es capaz de competir ni sacar ese talento que tiene. El valor del talento no está en tenerlo en sí, sino en saber hacerlo triunfar. Para eso hay que trabajar muchos valores como el esfuerzo, trabajar al límite, la perseverancia, la constancia, la seguridad, la confianza, para conseguir que el talento se vuelva regular.

P: Existe quien puede comentar “el que es bueno es bueno y el que es malo es malo tenga o no un psicólogo en el equipo o a su lado” ¿cómo aclarar esa idea de quien no conoce la labor que realiza un psicólogo deportivo?

R: Lo que es cierto es que en el deporte de alto rendimiento el que es bueno es bueno, puede llegar a ser mejor, puede ser regular; pero el que no tiene talento dificilmente va a conseguir nada, no vamos a sacarle peras al olmo. Para realizar deporte a nivel profesional uno tiene que estar dotado de una genética, de una fisionomía, una fisiología, que te permita tener una habilidad y una destreza especial para ese deporte. Una vez que contamos con esto, no vamos a pensar que la psicología es la panacea: primero va un entrenador que te dice como tienes que actuar, como tienes que jugar y de corregir la ejecución deportiva, de darte instrucciones para que tengas técnica, táctica y estrategia. El siguiente paso es tener un preparador físico, que consigue que aguantes corriendo 93 minutos, y que no estés cansado a los 20 minutos. Cuando todo eso lo tenemos completo nos encontramos con otras disciplinas y entre ellas está la psicología del deporte, que es capaz de darte el punto de referencia para poder competir mejor que aquel que tiene un talento similar al tuyo, una preparación física similar a la tuya y un entrenador que le dirige.

P: Por más motivador que sea el entrenador, no es psicólogo. Existe una diferencia entre el entrenador motivador y el psicólogo deportivo.

R: Hombre y tanto. Yo siempre lo digo: el psicólogo deportivo es aquel que estudia psicología y que luego se especializa en deporte. Y luego hay entrenadores con mucho liderazgo, con mucho carisma, que son capaces de motivar al grupo, que son capaces de sacar lo mejor de ellos, de generar expectativas positivas, de generar una comunicación para que estén unidos. Pero eso no es un psicólogo. El entrenador no sabe trabajar ni la atención, ni la concentración, ni la toma de decisiones, ni sabe cambiar pensamientos ni manejar las emociones. Eso lo hace un psicólogo. El líder que tiene la suerte de tener ese carisma innato con el que es capaz de movilizar al grupo, bendito sea, pero el que no lo tiene, difícilmente alcanzará ese carisma. 

P: Ya que hablamos de motivación y de entrenadores, pienso en el reciente caso del nado sincronizado en España o en el caso del vóley en Perú donde su actual entrenadora es criticada por un sector respecto del trato que tiene con sus jugadoras. ¿Cuál es el límite en el marco de esa motivación?

R: El límite es la dignidad de la persona y el respeto. No hay ningún estudio que demuestre que siendo autoritario y humillando a las personas, saquemos más cosas de ellas. No sabemos si lo que sacamos es producto del miedo, o porque eso es motivante en sí. Lo importante es que las jugadores sean capaces primero de darlo todo, y de valorar a su líder de forma positiva. Porque cuando nosotros transmitimos confianza y seguridad, también conseguimos resultados positivos. En todos esos grupos donde se sacan resultados positivos habría que valorar el estilo de liderazgo de quien los está dirigiendo. ¿Por qué hay otros grupos que también funcionan? La gente funciona porque tiene talento. Y el líder o el entrenador lo que tiene que hacer es decirles como utilizar su talento, transmitiendo entusiasmo, seguridad. El que alguien te humille no significa que vayas a tener éxito. Estoy segura que esa gente tendría el mismo éxito si tuviera una persona encima que en lugar de humillar les alentara y les reforzara.


P: Hablemos de su experiencia en el fútbol. Más de siete años ligada a equipos como el Mallorca y el Betis; confianza de técnicos como Gregorio Manzano y Pepe Mel; agradecimiento público como aquel de Rubén Castro celebrando su gol con  usted. ¿Su experiencia le hace pensar que el fútbol profesional en general recibe con brazos abiertos la ayuda de la psicología deportiva?

R: Creo que el fútbol tiene que darse cuenta que la psicología tiene algo que aportar, que tenemos muchas cosas que decir y que cada vez que algo se profesionaliza más, existen pequeñas disciplinas que ayudan a dar un plus. Lo que está claro es que entre dos jugadores que están entrenados de la misma manera, al final lo que les va a diferenciar es la capacidad para estar metidos, concentrados y de dar lo mejor de sí que tengan unos y otros no.

P: Comentaba usted con motivo del inicio de la Liga española este año que “trabajar en el fútbol de élite es como vivir constantemente en una montaña rusa” ¿Por qué?

R: Porque estás viviendo emociones contrapuestas pero de una forma muy intensa. Entonces cuando ganas estás arriba y estás eufórico pensando que eres el rey del mambo, pero cuando pierdes te sientes la persona más decepcionante y más negativa; no hay una regularidad. Igual la regularidad la tienen los equipos que siempre ganan, pero en equipos humildes que hoy pierden, mañana ganan, que ganan a un grande cuando no lo esperaban, que pierden ante un rival débil al que le tenían que haber ganado, todo eso genera emociones muy dispares. Con unas sufres muchísimo, y con las otras te sientes grandioso. Ahí está esa montaña rusa, de pasar de estar genial a tener un dolor intenso que incluso racionalizas y te preguntas cómo es que puede ser así cuando eso es solamente fútbol. ¡Pues por supuesto!


El trabajo de Patricia Ramírez dejó huella en el Betis.
Aquí Ruben Castro dedicándole uno de sus goles
durante la temporada pasada
(Foto de Fran Vega en number1sport.es)
P: A la victoria y la derrota hay que añadirle el error. Un futbolista se equivoca, cuesta una derrota, una eliminación, y lo hace ante miles de personas en vivo y en directo. ¿Cómo se trabaja para que una situación así afecte lo menos posible y se pueda voltear la página cuanto antes?

R: Yo hago unas cartitas ahí que se llaman “borrón y cuenta nueva”. Les pido a los jugadores que apunten aquello del partido que les gustaría que no volviera a ocurrir y luego que arruguen el papel y lo tiren a la basura para a partir de ahí pensar como vamos a hacer para que no ocurra eso, esto es, en que medida depende de nosotros volver a trabajar para que no ocurra eso y centrarnos en lo que son factores controlables.

P: Me imagino que uno de los casos donde se requiere mayor ayuda psicológica es ante las lesiones que alejan de los terrenos de juego a los deportistas, en muchos casos por varios meses ¿cómo combatir la desesperación, la ansiedad o las preocupaciones que pasan por la cabeza de un jugador en esa situación?

R: Ahí lo que tenemos que trabajar es la seguridad y la confianza. Volvemos otra vez a los factores controlables. En que medida depende de mí luego volver a mi sitio, de cómo empiece yo a jugar. Pero como yo empiece a preocuparme de cosas que no controlo o a preocuparme de cosas del futuro de las que ahora no pudo estar pendiente, al final lo que hago es desgastarme. Entonces, al jugador durante ese tiempo se le pide que visualice vídeos de él trabajando con seguridad, con confianza, que vea imágenes o jugadas en las que él ha sido eficaz, para reforzar su talento natural.

P: Otro caso interesante es el de los suplentes. Su talento está al servicio del equipo, tienen toda la disposición de demostrarlo, pero probablemente, por ejemplo un arquero suplente, puede pasar el año entero sin jugar un minuto. ¿Se realiza algún trabajo puntual con ellos?

R: Es el mismo trabajo que con los demás porque en cualquier momento te pude tocar a ti. La gente dice “sí, ya para que, si yo no juego”. No. Tienes que estar preparado porque nunca sabes lo que va a ocurrir. Desde una tarjeta, una lesión, es que nunca sabes lo que va a ocurrir.

P: Muchos deportistas son proclives a cábalas, rituales o supersticiones. Más allá de lo anecdótico ¿aquello tiene -o puede tener- alguna relevancia positiva o negativa en su rendimiento y mentalidad al afrontar el juego?

R: Se puede convertir en algo negativo, por supuesto, porque los rituales no te dan seguridad. Normalmente te preparan para competir, te van diciendo que llega el momento. Si el ritual es algo sencillo que depende de ti, como entrar con el pie derecho en el campo, pues no pasa nada porque lo vas a poder hacer siempre. El problema es que tu ritual dependa de que un compañero te dé la mano, de llevar encima algo que en algún momento no puedas tener, porque en ese momento que lo perdemos empezamos a pensar que la suerte se va a alterar y ni siquiera estamos jugando, pero yo ya pienso que me va a ir mal, y si yo anticipo aquello, puedo caer en la profecía auto cumplida.

P: Permitame felicitarla por su libro Entrénate para la vida, no solamente por el éxito que lo ha llevado a ser número uno en ventas en España, sino especialmente por la retroalimentación que brindan quienes lo van leyendo. ¿Cuál es la idea principal del libro?

R: Son lecciones para la vida en general, no es un libro escrito para la psicología del deporte, es un libro escrito para todo el mundo y todos son capítulos diferentes que no dependen el uno del otro, osea que cada uno puede empezar a leer por donde quiera. El que quiera puede leer sobre la suerte, sobre los rituales, sobre el pensamiento, cada uno donde quiera. Y a medida que tu vayas leyendo seguro que te vas a dar cuenta que te sientes identificado porque en algún momento de tu vida has pasado por ahí. Creo que lo que tiene el libro de bueno es esa parte didáctica en la que en cada capítulo aparece una serie de fichas de trabajo para que, el que quiera, pueda elegir aquello en lo que quiere cambiar, en lo que quiere crecer, en lo que quiere mejorar, y a su ritmo puede ir trabajando esa variable psicológica.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cuando jugar bien y merecer ganar no es suficiente

Zambrano celebra y el Perú con él
Foto - Reuters
Si antes del partido ofrecían a los peruanos firmar un 1-1, por lo menos se hubiera pensado. Implicaba sumar un punto ante Argentina, líder de las Eliminatorias, con Lionel Messi en plenitud, jugando sin Paolo Guerrero ni Juan Manuel Vargas, ambos lesionados. No pintaba como un mal negocio. Al final del partido, con el resultado puesto, la sensación es agridulce: Perú dominó ampliamente el partido, jugó bien colectivamente y tuvo individualidades muy rescatables, largamente mereció ganar ante uno de los equipos argentinos más mediocres que han visitado Lima ... pero apenas empató.

A diferencia del viernes hoy hubo equipo. Buen planteamiento de Markarian y mucha concentración y entrega de casi todos los jugadores peruanos durante la mayor parte del partido. En la defensa notables actuaciones de Rodriguez -otra vez-, de Advíncula, sobre el que habían numerosas dudas y buena labor de Zambrano -enorme en el gol peruano, superado en el gol visitante-. Yotún generoso en el despliegue aunque dejando su espalda descubierta en más de una oportunidad, una de las cuáles terminó en el gol del empate argentino.

En el medio campo estuvieron los desempeños superlativos. Mucha clase del zurdo Cruzado, incisivos, peligrosos y guapos en el encare Ramírez y Carrillo -lástima que el parante le negó un golazo-, y abnegado en su labor de perro de presa Lobatón en el tiempo que estuvo en el campo. Si Argentina se vió pálida y pobre, bien pudo deberse a errores propios, pero también porque el planteamiento peruano anuló cualquier intento argentino, limitándolo a tímidos intentos de aprovechar las espaldas de los defensores. Ese mérito fue de Perú sin necesidad de marcas personales, sino dándole validez a una premisa básica del fútbol: si un equipo controla el balón y mantiene la posesión, poco podrá hacer el equipo rival.

Arriba Jefferson Farfán nuevamente se lució y tuvo a mal traer todo el partido a su marcador Rojo, uno de los jugadores más flojos de Argentina -¿no hay mejores marcadores en dicho país?-. De hecho, en la primera jugada del partido provocó un penal que lamentablemente desaprovechó Claudio Pizarro. Pizarro, Claudio, capitán... que decir del número 14 de Perú, sin caer en las pasiones encontradas que despierta. Pues que falló un penal que pudo ser el del triunfo peruano y que más allá de su entrega jugó de regular para abajo, una vez más. El poco crédito que tiene en la hinchada peruana debe haber llegado a su punto más bajo en una noche en la que pudo ser el héroe y una vez más terminó siendo el villano.

¿Argentina? una sombra. ¿Messi? inexistente. Apenas las luces de Romero tapando el penal y de Higuaín letal para aprovechar la primera ocasión que tuvo y marcar el gol del empate. Poco o nada que destacar. Equipo grande al fin, le bastó con aprovechar la primera ocasión que tuvo para llevarse un punto inmerecido, pero punto al fin.

Perú sigue en el septimo puesto y culminará la primera ronda en ese lugar aún ganándole a Bolivia de visita. Está a cinco puntos de Uruguay y Chile que están en cuarto y quinto lugar y a cuatro de Venezuela que descansará la última fecha de partidos de ida. Se han perdido 5 puntos de local y no se ha ganado un sólo punto en tres partidos de visitante. Los resultados de esta fecha ayudaron poco a su causa de acercarse a los puestos de clasificación y se ve en la obligación de no perder más puntos de local y tratar de rescatar puntos de visita, empezando en el país del altiplano. Se puede decir que conviene que Argentina le gane a Uruguay, que Paraguay le robe algún punto a Colombia o que Ecuador y Chile se resten entre ellos, pero de nada servirán esos resultados si Perú no obtiene seis o por lo menos cuatro puntos en su doble visita a La Paz y Asunción en la próxima jornada doble de Eliminatorias.

Este partido con Argentina puede ser el espejo en el cual verse en el futuro. Jugando así habrá más posibilidad de obtener resultados positivos, que jugando como el viernes, donde las individualidades fueron más claves que el rendimiento en equipo. Markarían tiene tiempo para planificar dos partidos donde además de los rivales, la altura, las lesiones -preocupa lo de Guerrero-, y las suspensiones, conllevan desde ya, retos a ser superados. Veremos entonces si Perú vuelve a jugar bien, y además de merecerlo, logra los triunfos que necesita con carácter de urgencia. El juego mejora, pero las fechas se van agotando.





sábado, 8 de septiembre de 2012

A falta de equipo, buenas son individualidades: siempre viene bien una alegría

Jefferson "La Foquita" Farfán, el jugador del partido
Otra vez la misma historia. Le llegan una sola vez a Perú y gol en contra. El colofón del primer tiempo no podía ser peor. Perú había jugado a poco y nada en un interminable bostezo de más de cuarenta minutos. Nuevamente la sensación de estar librados a lo que depare la inspiración de las individualidades antes que a un planteamiento colectivo. O el mismo no existió o fue muy malo en esa primera etapa. Dio la impresión que la orden era poner a Vargas, Farfán, Guerrero y Pizarro y llenar de centros el área rival, en la misma proporción en la que el mediocampo quedaba despoblado. Y encima el gol. Distracción defensiva, tiro libre repetido, obsequio de Fernández, ir al descanso con la fustración propia de vivir la "historia de siempre".

A falta de equipo, individualidades. El segundo tiempo fue atípico, ajeno a lo que siempre suele ocurrir con Perú. Se necesitaba un gol temprano; pues venga Ramírez con el pase y Farfán con la definición precisa por debajo del arquero rival. Sería ideal aprovechar el momento y pasar adelante; pues aparezca Cruzado con un pase de otro partido para que Farfán aguante y defina como si estuviera en Gelsenkirchen ante un Vegas que generoso, devolvió la cortesía de Fernández y le dejó el arco abierto para la definición implacable. Si de bonus track el equipo rival se desespera y se queda con diez jugadores, ya tenemos una noche que pintaba fatal y se fue dando vuelta para dejar de ser "la historia de siempre".

Es la noche de la Foquita que dedica el triunfo a su familia y a los que "no creen en mí ni en la selección". La noche del esfuerzo pundonoroso de Yotún, Vargas y de Pizarro, más allá que intercalen aciertos con desaciertos. La noche donde el Guerrero de siempre descubrió que en un sólo pie las ganas no bastan. Donde Rodríguez quiso dejar constancia que puede rendir aunque no esté jugando, y donde Cruzado y Carrillo jugaron sin que les pese la camiseta -que cerca estuviste con ese cabezazo André-. La noche donde Perú dio vuelta a un partido complicado porque sus jugadores nunca dejaron de luchar, pero donde el funcionamiento como equipo siguió siendo una materia pendiente.

Con Venezuela -equipo con un técnico y algunos jugadores que antes de los partidos hablan como si tuvieran el pedigree futbolístico de Brasil- alcanzó el esfuerzo individual. Con Argentina habrá que aplicarse en lo colectivo y en evitar desatenciones como la que originó el gol venezolano. La lógica y la razón sugieren que Argentina, primero de las Eliminatorias con Messi a la cabeza, es el favorito para el partido que viene. El corazón, necio y testarudo que no sabe de razones, insiste en alojar un resquicio de esperanza para seguir sumando.  El martes lo sabremos.